Con mucha esperanza y algo de temor, Chile entra en la etapa central del proceso constituyente que tiene por objetivo redactar una propuesta de una nueva constitución política para el país. La constitución política de la República es un contrato social en sí intergeneracional. Este gran acuerdo debe considerar los intereses de toda la población, y plasmar los de la mayoría respetando a las minorías. 

La vigencia promedio de las constituciones en democracias, es de 21 años (Ginsburg et al. 2009). Chile, incluyendo el periodo inicial de experimentación (1810-1830), tiene un promedio de 27 años, y si no lo incluimos, un promedio de 49 años. De acuerdo a estos datos, sería posible estimar que la nueva constitución podría regir al país hasta por lo menos el periodo entre 2043 y 2049, e incluso hasta el 2071. Veamos entonces que nos depara la demografía para las próximas cinco décadas.

El cambio estructural de la distribución etaria de la población refleja una mayor esperanza de vida y menor tasa de natalidad, lo que produce una transición de una estructura del tipo pirámide a una del tipo caja. La diferencia en área entre las formas de caja y de pirámide, representa la expansión del grupo etario en la parte superior de la escala de edad. Este cambio demográfico impone desafíos institucionales, estructurales y de capital humano.

De acuerdo al SENAMA, la ley No. 19.828 define como adulto a mayor (AM) a toda persona que ha cumplido los 60 años. Los gráficos a continuación realizados por el Centro de Investigación Socioeconómica Intergeneracional (ISRCenter) muestran las proporciones de personas mayores de 60 (AM) y 80 años sobre la población total. Las líneas rojas indican las décadas de 2020 a 2070 y los  porcentajes correspondientes al inicio de cada una. En 2020, el grupo etario de personas mayores de 60, representa un 17.3% de la población total del país. Para el 2040, representará un 27.9% agregando diez puntos porcentuales, y el 2060 más del doble del actual porcentaje, alcanzando un 35.4%. 

Por su parte, el grupo compuesto por personas mayores de 80 años verá duplicado su porcentaje sobre  la población total en la próxima década. Representará más de tres veces el actual porcentaje para el 2050 y más de cuatro veces para el 2070.

Cabe señalar que los AM en el 2050 serán personas que nacieron antes de 1990, es decir, los AM en el 2050 serán mayoritariamente “milenials”, i.e. generación Y. La mayoría de los Convencionales Constituyentes (CC) pertenece a la misma generación, o a la X.   

El CC promedio tiene 45 años, y por lo tanto pertenece a la generación X. ¿Cuántos años tendrá este convencional constituyente promedio en 21 años (vigencia mínima esperada de la nueva constitución)? Precisamente, 66 años. Me pregunto si el silencio hasta el momento respecto del envejecimiento y los AM es consciente o intencional, o no. 

Los niños fueron mencionados en el discurso inaugural. Dicha mención fue reconocida y valorada ampliamente. Concuerdo. Según la UNICEF, se define como niños a las personas menores de 18 años, a menos que leyes relevantes reconozcan una mayoría de edad más tempranamente. Naciones Unidas, define juventud como el grupo compuesto por personas entre los 15 y 24 años de edad, diferenciando entre adolescentes (13-19) y adultos jóvenes (20-24), para propósitos estadísticos. Por lo tanto, se entiende que una clasificación más específica de niñez incluye a aquellas personas menores de 15 años. Chile considera la mayoría de edad a los 18 años y define la primera infancia como el periodo que abarca hasta los 6 años de edad. Las personas que hoy son menores de 18 años, son aquellas que nacieron desde el 2003 en adelante. Una minoría vulnerable de este grupo son aquellos que dependen del SENAME, y muchos de sus derechos han sido vulnerados. Este grupo etario, hoy menor de 18 años, en el 2068 será AM o estará pronto a serlo, y probablemente la esperanza de vida para ese entonces será mayor a la actual. Entonces, ¿qué recursos e instituciones necesitamos para que los niños de hoy, especialmente aquellos que no tuvieron una infancia deseada, tengan una vejez digna? Una respuesta apropiada a esta interrogante requiere ciencia y acuerdos. 

En Chile, en medio de un proceso para elaborar una nueva constitución, que regirá al país por los próximos 30 años (2051), la CC debe discutir al respecto e intentar producir una hoja de ruta que progresivamente encamine al país a poder proveer una vejez digna. Esto implica conversar y analizar medidas impopulares, pero certeras, como una mayor tasa de cotización, mayor edad de retiro y periodo de trabajo mínimo para poder jubilar, además requiere discusiones en torno a la política industrial y medidas que puedan generar y sostener un mercado laboral que ofrezca mejores salarios. 

También, es recomendable estudiar y discutir respecto de la economía plateada, y la economía del cuidado, ya que ambas tienen un fuerte componente generacional y son parte fundamental de las agendas nacionales de todos los países cuya población está envejeciendo a tasas similares o mayores a la Chilena. Porque los niños y jóvenes de hoy en Chile, pronto serán los adultos y adultos mayores en un  país que requiere hoy una acción más proactiva al respecto.

Los desafíos que enfrenta Chile son de alta complejidad y de largo plazo. A pesar de ello, el sentimiento imperante en la población (me incluyo) es de esperanza. He ahí el peso de la CC y de las elecciones que vienen, pues con nuestro voto, depositamos nuestra esperanza en nuestros representantes y los investimos con la responsabilidad de tener que responder al interés de la mayoría respetando a las minorías. Esto involucra discusiones y acuerdos en cuanto a las instituciones y recursos que serán necesarios para enfrentar los desafíos actuales y futuros, y generar una sustentabilidad de acuerdo a la evolución del ser humano. ¿Seremos capaces de honrar dicha esperanza?