Empatía intergeneracional

Hands of the old man and a young woman. close up. toning

Una nueva pandemia ha puesto aprueba nuestra capacidad humana. ¿Qué significa ser humano? El viejo debate también es relevante hoy, individualismo versus altruismo. Creo que somos una combinación de ambos.

Antes de que la luna rosada brille en el cielo, me pregunto y pienso en los costos asumidos por las diferentes generaciones que enfrentan la pandemia actual. La mal llamada gripe española golpeó con más fuerza a la parte joven y más numerosa de la población, ya que el segmento más veterano tuvo la posibilidad de desarrollar ciertos anticuerpos como resultado de haber estado expuesto a otra gripe anterior. Hoy en día, la generación mayor no había vivido una pandemia mundial anterior, sino que experimentó la expansión de derechos laborales, incluidas pensiones y vacaciones pagadas, así como el auge económico de la posguerra. Muchos de ellos también vivieron dictaduras y regímenes totalitarios. La extensión de las políticas de bienestar a lo largo de la segunda mitad del siglo XX ha contribuido a crear una clase media más grande, parte de la cual ahora son nuestros ancianos. Un mejor sistema de bienestar social, incluidas las pensiones, ha contribuido en gran medida a permitir que los abuelos puedan apoyar a los miembros más jóvenes de sus familias durante y después de la última gran crisis de 2007-09. Pero lo que es más importante, el principio general de impulsar mejores sistemas de pensiones rescata precisamente el hecho de que los abuelos cuidaron a sus hijos y probablemente también a sus nietos. Yo diría que es principalmente una cuestión moral, como un profesor me dijo una vez “tenemos que cuidar a los abuelos, porque nos limpiaron el culo cuando no podíamos hacerlo solos”.

Entonces me pregunto qué pasó con la empatía intergeneracional. ¿Por qué vemos casos de jóvenes que se saltan las medidas sanitarias para finalmente infectar a sus familiares mayores, muchas veces provocando su muerte? ¿Es posible que esta ocurrencia se deba en parte a una causa similar detrás del fenómeno “ok boomer”? No puedo evitar preguntarme si tendríamos estos sucesos si hubiéramos tenido más instituciones (formales e informales) y normas sociales que cruzan diferentes generaciones. Esto significa instituciones que generan espacio para interacciones intergeneracionales. Ejemplos actuales de estas son las que resultan de las políticas públicas de vivienda y cuidado de niños, las que resultan del objetivo de abordar la pandemia (virtualmente “adoptar” a un anciano en aislación) o prácticas como programas de radio que cruzan generaciones para hablar sobre un tema. Otro profesor siempre nos hace recordar que muchas veces es el caso de que el conocimiento se pierde más de lo que se crea. Creo que necesitamos normas sociales que reivindiquen la práctica tradicional de escuchar a los ancianos.

Además de eso, me pregunto sobre el costo de las generaciones con poca educación. Esta reflexión no es nueva. En 1874, Fogg declaró que “[…] el conocimiento es menos costoso que la ignorancia. La ignorancia es un factor peligroso y costoso bajo cualquier forma de gobierno, y bajo uno republicano, destructivo”. La versión memética más reciente y famosa es “si crees que la educación es cara, prueba la ignorancia” (the Capital Times, 18 de junio de 1974). ¿Las personas con poca educación tienden a ser menos conscientes y más desafiantes ante los riesgos del coronavirus actual, y en particular para con los ancianos? Dado que esta pandemia afecta más a los ancianos, los costos de esta pandemia no se distribuyen de manera uniforme entre las generaciones. ¿Un sistema educativo pobre exacerba esta desigualdad?

La generación bisagra, aquellos que se encuentran entre los más jóvenes y los más viejos, ahora se enfrentan al desafío de trabajar desde el hogar, y además, muchos de ellos también están lidiando con la paternidad a tiempo completo. Esta generación debe vencer el miedo a los avances tecnológicos y aceptar el cambio. Debe recordar que fue la primera generación que adoptó masivamente el uso de computadoras personales. Eso fue un desafío, considerando la edad a la que lo hizo el segmento más antiguo de esta generación. Además de la experiencia tecnológica, otra cuestión parece implicar un umbral entre generaciones, la ética. ¿La perdimos en algún momento de la transición al nuevo milenio? ¿Tenemos personas educadas capaces de defender la ética involucrada en la transformación digital? ¿Sabemos siquiera el idioma? Necesitamos hacerlo mejor ahora. El viejo debate sobre la libertad versus la seguridad sigue vigente hoy. ¿Entendemos que tenemos mecanismos que nos permiten recopilar datos sin tener que infringir la privacidad de las personas? Del mismo modo que una sociedad civil debe ser capaz de exigirle cuentas a sus gobernantes, al pasar a las formas digitales debemos ser capaces de comprender los desafíos involucrados.

Vinculando ideas, la reflexión final es: ¿es justo para las generaciones mayores que han contribuido durante más tiempo a la sociedad y a sus propias familias, no solo anticipar sus muertes sino que para muchos de ellos carecer del ritual humano final? La vida no es justa, entonces ¿por qué debería ser la muerte? Pero es al menos ingrato. Morir no es exclusivamente una característica humana, lo es el entierro. En el lado menos oscuro, además del hecho de que hemos visto a personas conscientes de todas las edades colaborando, las mejoras tecnológicas y del conocimiento permiten, al menos para algunos de ellos, decir adiós de una manera digital, lo que es mejor que nada. Mi más sentido pésame a todos los que han perdido a un ser querido debido a esta pandemia.

La invitación es a pensar y discutir estos temas, y repensar cuáles son los principios que nos definen como humanos y como sociedad. A prestar especial atención a los ancianos porque son un depósito de memoria y sabiduría. A pesar de su gran importancia, algunos de estos temas y valores parecen haber sido olvidados, otros aún esperan un consenso importante. Arreola dijo: “Quien no lee no puede escribir. Si no sabes escribir, no sabes pensar ”. Y aunque leer es mucho más placentero que escribir, ambas prácticas nos permiten desarrollar y formalizar el pensamiento. Entonces me pregunto, ¿con qué propósito desarrollamos y formalizamos el pensamiento, sino para ejecutar nuestros valores en consecuencia? No existe una escala universal de valores, por lo que debemos formalizar lo que pensamos para tratar de encontrar acuerdos. Abramos diálogos intergeneracionales.

Referencias

 “The Spanish flu and the global impact of the largest influenza pandemic in history” Max Roser, 20 de marzo, 2020. World Economic Forum. https://www.weforum.org/agenda/2020/03/spanish-flu-global-impact-influenza-pandemic-coronavirus-covid19

 Para mayor detalle sobre este fenómeno ver https://www.nytimes.com/2019/10/29/style/ok-boomer.html  

1874, The Statistics and Gazetteer of New Hampshire, Compiled by Alonzo J. Fogg, Chapter VI: Public Schools, Quote Page 508, Published by D. L. Guernsey, Concord, New Hampshire. 

1974 June 18, the Capital Times, Section: Classified Advertisements, (Advertisement for Parkwood Realty), On the House by Char Meyers, Quote Page 1, Column 5, Madison, Wisconsin.